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El viaje que nunca habríamos planeado

  • 15 ago
  • 4 min de lectura

Fuimos a Tampa para ver jugar a nuestra hija. Terminamos descubriendo una ciudad que jamás estuvo en nuestra lista.


Si alguien me hubiera preguntado hace un año qué ciudad de Estados Unidos quería conocer, probablemente habría mencionado Napa Valley. Quizás San Franciso. O tal vez algún parque nacional.


Pero estoy casi segura de que no habría dicho Tampa. No porque tenga algo en contra de la ciudad. Simplemente nunca estuvo en mi lista.


Cuando pensamos en vacaciones, casi siempre terminamos mirando un mapa de Europa o soñando con algún lugar que nos haga sentir que estamos descubriendo algo completamente diferente.


Estados Unidos nunca ha sido nuestro destino favorito para viajar. No porque no tenga lugares increíbles. Sino porque, cuando llega el momento de escoger, siempre hay otro rincón del mundo que termina llamándonos un poco más.


Y, sin embargo, ahí estábamos. Comprando boletos para Tampa. No por la ciudad. Por Sophie.

 

Este viaje nunca fue sobre nosotros

Era el primer torneo internacional de nuestra hija. Iba a viajar con su equipo. Con sus entrenadores. Con sus amigas. Y eso hacía que este viaje fuera muy diferente.


Torneo en Tampa Super Cup

Nosotros no viajábamos para hacer turismo. Viajábamos para verla jugar. Sabíamos que apenas la veríamos fuera de la cancha. Y así fue.


Si coincidimos dos o tres veces en el hotel durante toda la semana, fue mucho. Pero también era exactamente lo que queríamos.


Porque esos viajes ya no son para que los hijos estén pegados a los padres. Son para que empiecen a construir sus propias experiencias.

Sus propias amistades.

Sus propios recuerdos.

Y nosotros queríamos darle ese espacio.

 

Así que hicimos lo único que sabíamos hacer

Convertimos el viaje en uno nuestro.

Mientras Sophie estaba entrenando o compartiendo con su equipo, nosotros salíamos a conocer la ciudad.

Y creo que ahí estuvo la sorpresa.

Porque Tampa empezó siendo un destino al que llegamos por casualidad.

Y terminó convirtiéndose en una ciudad que realmente disfrutamos.

 

Yo no necesito ir de compras para disfrutar una ciudad

Hay muchas personas que aprovechan un viaje a Estados Unidos para recorrer outlets durante horas.


Yo nunca aprendí a disfrutar eso. Entro a una tienda. Doy dos vueltas. No encuentro nada. Me desespero. Y me voy.


Mientras otros padres dedicaban parte del viaje a las compras, yo hice exactamente lo contrario.

No pisé un solo outlet.

Preferí caminar.

Porque esa sigue siendo mi manera favorita de conocer cualquier lugar.

 

No elegimos el mejor lugar para hospedarnos

Nos quedamos cerca del complejo deportivo donde jugaba Sophie.

Tenía sentido.

Era práctico.

Pero, si volviera, elegiría algo diferente.

La zona donde nos hospedamos era muy cómoda para los partidos, pero no para recorrer la ciudad.

Grandes avenidas.

Muchos carros.

Centros comerciales.

Pocas personas caminando.

Como ocurre en muchas ciudades de Estados Unidos, aquí el automóvil manda.

Nos movimos prácticamente todo el viaje en Uber.

Funciona muy bien.

Aunque, si te hospedas lejos del centro como nosotros, el costo termina acumulándose bastante.

Si tu objetivo principal es conocer Tampa, probablemente buscaría alojamiento más cerca del centro o incluso alquilaría un automóvil.

 

La ciudad empezó a sorprenderme

Casi todas las mañanas iba a correr a Tampa Riverwalk. Y creo que ese lugar terminó enamorándome de la ciudad.


No era algo nuevo para mí; correr junto al agua también forma parte de mi rutina en Panamá. Pero hacerlo en una ciudad desconocida tiene otro significado. Es una de las formas más bonitas que conozco de empezar a entender un lugar. Después caminaba hasta Armature Works para desayunar. Sin prisas. Dejando que la mañana marcara el ritmo del día. Esos pequeños rituales terminan diciendo mucho más de un lugar que una lista de atracciones.


  • Armature Works Tampa
  • Armature Works Tampa
  • Armature Works Tampa

 

Un date night improvisado

Una noche decidimos ir a Hyde Park Village.

Y fue amor a primera vista.

No sé exactamente por qué.

Tal vez por las calles.

Tal vez por las fachadas.

Tal vez porque, por momentos, me recordó un poco a algunos barrios de Londres.

Cenamos en un restaurante con música en vivo.

Tuvimos que esperar casi dos horas por una mesa porque no habíamos reservado.

Y, curiosamente, la espera terminó formando parte de la experiencia.

Después caminamos sin rumbo.


  • Hyde Park Village Tampa
  • Hyde Park Village Tampa
  • Hyde Park Village Tampa
  • Hyde Park Village Tampa

Entramos a un pequeño pub.

Pedimos un par de tragos.

Había música en vivo otra vez.

Y terminamos quedándonos mucho más tiempo del que habíamos pensado.

No estaba en ningún itinerario.

Como casi siempre ocurre con los mejores recuerdos.


 

Caminar sigue siendo mi forma favorita de conocer una ciudad


  • SparkMan Wharf Tampa
  • SparkMan Wharf Tampa

Otro día caminamos desde Riverwalk hasta Sparkman Wharf.

Nos sentamos a tomar unas cervezas.

Mirábamos pasar a la gente.

Escuchábamos música.

Y simplemente disfrutábamos del ambiente.

Muchas veces creemos que conocer una ciudad significa correr de una atracción a otra.

Yo cada vez estoy más convencida de lo contrario.

A veces conocer una ciudad es quedarse un rato donde la gente simplemente vive.

 

Lo que me dejó Tampa

Tampa nunca fue un viaje que soñé.

Fue un viaje que la vida puso delante de nosotros.

Fuimos para ver jugar a nuestra hija.

Y verla competir fuera de Panamá ya habría hecho que el viaje valiera la pena.

Pero la ciudad terminó regalándonos algo más.

Nos regaló tiempo.

Tiempo para caminar.

Para desayunar sin prisa.

Para descubrir restaurantes.

Para tener una cita improvisada.

Para recordar que, aunque el motivo del viaje fuera otro, nosotros también seguíamos siendo viajeros.


Tampa Riverwalk

Y creo que esa fue la mayor sorpresa.

Entender que no todos los destinos llegan porque los buscamos.

Algunos simplemente aparecen.

Y, cuando les damos una oportunidad, terminan ocupando un lugar mucho más grande del que imaginábamos.

 

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