top of page
Logo Nuevo BC (3).png

Bernadeth Córdoba Diseño Web

Suscríbete

Trabajo digital. Viajes en familia. Vida con estructura.

Cada semana comparto lo que voy aprendiendo sobre diseñar mejor lo que construimos y lo que vivimos.

Si te resuena, suscríbete.

Frankfurt no estaba en el itinerario

hace 4 días
5 min de lectura

Frankfurt nunca formó parte de nuestro Eurotrip.


Estadio Deutsche Bank Park, Frankfurt

No había sido una ciudad que soñáramos conocer, ni tenía una lista guardada de lugares que quería visitar.


Simplemente apareció en el mapa.


Nuestro viaje continuaba de Londres a Múnich y habíamos decidido hacerlo en tren. Sobre el papel sonaba perfecto: subirnos al Eurostar, atravesar Europa y llegar a Alemania viendo el paisaje por la ventana.

Muy romántico.

Hasta que empiezas a mirar las horas de viaje, las conexiones y los cambios de tren.


Entonces deja de parecer una escena de película y empiezas a entender que quizás pasar todo el día trasladándote tampoco es la mejor manera de aprovechar unas vacaciones.


Así apareció Frankfurt.

Estaba en nuestra ruta hacia Múnich y decidimos hacer algo que, con el tiempo, he aprendido a valorar muchísimo cuando viajo:

parar.


Dos noches. Sin grandes expectativas. Sin un itinerario lleno de cosas por hacer. Solo una ciudad que, en principio, iba a ser una escala.

Y terminó siendo mucho más divertida de lo que imaginábamos.


Nuestra primera aventura con los trenes alemanes

Salimos de Londres en el Eurostar y nuestra primera conexión era en Bélgica. Hasta allí, todo perfecto.


Teníamos varias horas antes del siguiente tren, así que aprovechamos para comer algo dentro de la estación. Miramos las pantallas. Nuestro tren seguía apareciendo.

Todo parecía bajo control.


  • Bélgica
  • Bélgica
  • Bélgica

Hasta que llegó la hora de buscar el andén. Fuimos hacia donde supuestamente saldría nuestro tren a Frankfurt y...

Nada.


El lugar estaba prácticamente vacío. Esperamos. Volvimos a mirar las pantallas. Intentamos entender qué estaba pasando.


Y aquí apareció otro ingrediente maravilloso de viajar por países cuyo idioma no hablas: preguntar y confiar en que entendiste correctamente la respuesta.


Porque no, en esa parte de Europa nadie tiene obligación alguna de hablar español y tampoco puedes asumir que todo el mundo hablará inglés.


Aun así, siempre encontramos personas dispuestas a intentar ayudarnos.


Después de preguntar varias veces descubrimos que nuestro tren ya no saldría desde esa estación. Habían cambiado la ruta. Ahora teníamos que subirnos a otro tren, llegar a otra estación y, desde allí, tomar finalmente el que nos llevaría a Frankfurt.


¿Nuestro boleto servía? Supuestamente sí.

¿Entendíamos completamente lo que estaba pasando? Absolutamente no.

Pero subimos. Y confiamos.


Llegamos a la siguiente estación, encontramos nuestra conexión y finalmente conseguimos subir al tren hacia Frankfurt.


Más adelante descubriríamos algo que me dio mucha risa:

aparentemente este tipo de aventuras con Deutsche Bahn no son precisamente extraordinarias. Hasta los propios alemanes se quejan de sus trenes. Así que, sin saberlo, habíamos tenido nuestra primera experiencia cultural alemana antes siquiera de llegar a Alemania.


Una ciudad que solo teníamos un día para conocer

Llegamos a Frankfurt sin una gran lista de lugares pendientes. Y eso terminó siendo parte de su encanto.


Teníamos prácticamente un día completo para conocerla y decidimos hacer lo que normalmente hacemos cuando llegamos a una ciudad nueva: caminar.


Frankfurt terminó sorprendiéndome.

Quizás porque nunca había pensado especialmente en visitarla, tampoco tenía una imagen demasiado construida de cómo sería.

Y cuando llegas a un lugar sin expectativas ocurre algo interesante.

No estás comparándolo con esa versión que llevabas meses imaginando.

Simplemente lo descubres.


La postal que sí conocía


  • Romerberg Frankfurt
  • Romerberg Frankfurt
  • Romerberg Frankfurt

Había un lugar que sí había visto muchísimas veces en fotos y videos: Römerberg. Sabía que era bonita. Lo que no esperaba era que las fotos le hicieran tan poca justicia.


Llegar a la plaza y encontrarme con esas fachadas de colores y esas casas que parecen sacadas de un cuento fue exactamente el tipo de lugar que amo encontrar cuando viajo.


Y, por supuesto, conseguí mi foto tipo postal.


Hay lugares que uno fotografía porque quiere recordar cómo eran. Y hay otros que fotografías porque quieres guardar prueba de que realmente estuviste allí. Römerberg fue un poquito de las dos.


Alemania tiene muchísimo de eso. Ciudades y pequeños pueblos que parecen escenarios de historias que uno imaginaba cuando era niño.


Y Frankfurt solo consiguió confirmar algo que ya sospechaba: tengo que volver a Alemania. Pero la próxima vez quiero hacerlo con tiempo para conocer muchos de esos pueblos de ensueño que se quedaron fuera de este viaje.


Frankfurt desde arriba


  • Main Tower Frankfurt
  • Main Tower Frankfurt

También subimos a Main Tower. Siempre que puedo me gusta ver las ciudades desde arriba. Hay algo en alejarse por unos minutos de las calles que acabas de caminar y descubrir la ciudad desde otra perspectiva.


Y fue precisamente allí arriba donde comenzó otra aventura. Porque en mi casa todos son futboleros. Y era domingo. Así que alguien hizo una pregunta aparentemente inocente:

—¿Habrá algún partido hoy?


No importaba demasiado quién jugara. Estábamos en Alemania. Querían ver fútbol.

Buscaron. Y sí. Había Bundesliga. Ese mismo día. En Frankfurt.


¿Y si vamos al estadio?


No teníamos entradas. No habíamos investigado cómo llegar. No sabíamos si todavía habría boletos disponibles. Pero aparentemente ninguna de esas cosas nos pareció una razón suficiente para no intentarlo.


Así que lo que empezó como una búsqueda desde lo alto de Main Tower terminó unas horas después con nosotros camino al Deutsche Bank Park.


Encontramos la página para comprar las entradas. Fantástico. Solo había un pequeño detalle: estaba en alemán. Y no, no tenía traducción.


Deutsche Bank Park

Después de varios intentos y con ayuda de algunas personas conseguimos comprar nuestros boletos.


Unas horas después estábamos entrando a un partido de Bundesliga que esa misma mañana ni siquiera sabíamos que existía.

Nos congelamos.

Literalmente.

Hacía un frío absurdo.

Pero lo disfrutamos muchísimo.


  • Deutsche Bank Park
  • Deutsche Bank Park
  • Deutsche Bank Park

Y creo que ese partido terminó resumiendo perfectamente lo que fue Frankfurt para nosotros. Nada de aquello estaba planeado. Ni siquiera estar en esa ciudad había sido parte del plan original. Y, sin embargo, ahí estábamos. En Alemania. En pleno invierno. Dentro de un estadio. Viendo un partido de Bundesliga. Solo porque unas horas antes, mirando Frankfurt desde arriba, a alguien se le había ocurrido preguntar:

—¿Habrá algún partido hoy?


Seguir caminando


  • Puente de Hierro Frankfurt
  • Puente de Hierro Frankfurt
  • Puente de Hierro Frankfurt

Entre una cosa y otra caminamos junto al río Main y cruzamos el famoso puente de hierro. Y eso fue Frankfurt para nosotros. Caminar. Mirar. Descubrir sobre la marcha. Sin un itinerario perfectamente estudiado. Sin una lista interminable de lugares que tachar. Algo bastante diferente a cómo suelo organizar nuestros viajes. Y, por una vez, estuvo bien. Porque después, cuando regresamos a casa y empecé a leer más sobre Frankfurt, descubrí todos los lugares que no habíamos visto.

Se nos quedaron cosas.

Muchas.

Lugares que probablemente habría incluido si hubiera investigado la ciudad como investigué Roma, Londres o Múnich.

Pero no siento que eso arruinara nuestra experiencia.

Al contrario.

Me dejó una sensación que últimamente estoy aprendiendo a aceptar cuando viajo:

no tengo que verlo todo.


Una ciudad que apareció en el camino

Frankfurt nunca estuvo en nuestro itinerario original.

Fue una decisión práctica.

Una manera de dividir un trayecto demasiado largo entre Londres y Múnich.

Llegamos sin demasiados planes y con apenas un día para descubrirla.

Y quizás por eso la recuerdo con tanto cariño.

Nos perdimos con los trenes.

Caminamos por una plaza que parecía sacada de un cuento.

Vimos la ciudad desde las alturas.

Cruzamos el río.

Terminamos improvisando un partido de Bundesliga.

Y dejamos muchas cosas sin ver.

Antes eso último probablemente me habría molestado.

Hoy no tanto.

Porque cada vez estoy más convencida de que conocer una ciudad no significa terminarla.

Frankfurt nos regaló exactamente lo que cabía en aquel viaje.

Y también me dejó algo pendiente.

Las ganas de volver a Alemania, pero la próxima vez sin utilizar sus ciudades simplemente como puntos entre un destino y otro.

Quiero detenerme.

Conocer esos pueblos que parecen sacados de un cuento.

Caminar sin tener que llegar a ninguna estación.

Y quién sabe.

Quizás volver a preguntarnos un domingo:

—¿Habrá algún partido hoy?

Comentarios


bottom of page